Saliendo con un árabe

India y Sudeste asiático.

2019.06.06 18:14 Tinardo India y Sudeste asiático.

Buenas! La otra vez parece que gustó lo que escribí sobre China, Corea y Japón, asi que ahora voy a escribir un poco de India. Como avisé, no es la zona que más manejo, así que va a ser una intro nomas. Si tengo algo de tiempo al pedo y termino de hablar de las historias, tal vez meto alguno con más detalle de algun período historico que interese, o algo de religiones-filo de la zona.
En fin: INDIA.
Si en el Norte de Asia tenemos a China como el centro cultural, económico y político, en el Sur tenemos a India. Junto a China han sido los Dos Gigantes durante 5.000 años... Y al igual que China, India esta creciendo para retomar su lugar en el mundo. Sin embargo, hay varias diferencias entre los dos.
Cuando arranca la cosa acá? Con las grandes civilizaciones del Valle del Indo, en lo que hoy es Pakistán, arrancando más o menos en el 3.000 a.C. Mohenjo Daro y Harappa son los sitios arqueológicos más grandes, y muy impresionantes. Para que se den una idea, cuando encontraron los primeros ladrillos los arqueologos ingleses, pensaron que eran ladrillos modernos. La gente los usaba para armar sus casas, canibalizando estructuras de 5.000 años. Es decir, los tipos la tenian clara, y al igual que los chinos, fueron tremendos realizando obras de ingeniería hidrica. Las crecidas y bajadas de estos ríos, al igual que en el Río Amarillo para los chinos, o el Nilo para los egipcios, o el Tigris y el Eufrates para los mesopotámicos, eran cuestión de vida o muerte para esta gente, asi que laburaron fuerte para poder manejar los recursos hidricos lo mejor posible (No recuerdo ahora el nombre de la historiadora, Susan no se cuanto, que sostiene que la centralización política en China nace de la necesidad de poder controlar mejor los recursos hidricos, y creo que esto se repite a lo largo de la historia en varios lugares). Dicho sea de paso, estos tipos comerciaban con los Sumerios por via marítima. Es decir: Grosos.
El tema es que todo lo que sube, tiene que bajar, y cambios climaticos fueron generando quilombos, hambre, bardo, etc. Y a esto se le sumó las oleadas de inmigración/invasión de inoeuropeos que venían del Oeste. Estos muchachos eran tremendos guerreros, se encontraron con una civilización en declive y no pasó mucho tiempo que los conquistaron. Los que estaban antes eran Dravidicos, y a estos nuevos jefes les pusieron el nombre de "Señores", o como les decían en el barrio: Arya/Arios. Así que cuando alguien les hable de arios, no se imaginen un rubio de ojos celestes, sino más bien un afghano, persa, paki, indio.
Estos muchachos recién llegados empezaron a mezclarse obviamente con los locales, y además de imponer e instalar en lo que a religión, cultura y creencias respecta, también adoptaron mucho de los dravidicos que ya estaban. (Ah, y tampoco es que se comieron TODA india, y tampoco todo de una eh, imaginense que estos son procesos que tardan cientos de años, y aun así, la parte sur de india, pasando las montañas, siempre se mantuvo como en la suya).
Cuestión, es que ahora habia otra gente en el poder. De a poco van a ir fijandose las castas, que en un principio no era más que una cuestión de laburos, pero de a poco se fue "legitimando" por distintos medios (religioso especialmente) como estructura social inamovible. Obviamente los que ya estaban arriba, les gustaba estar arriba, asi que a lo largo del tiempo se estableció una estructura donde basicamente habia: Brahmanes (Monopolio espiritual), Kshatryas (Militares-Gobernadores), Vaishyas (Mercaderes, granjeros y artistas) y Sudras (Trabajadores, servidores). Aparte de todos ellos, estaban los Parias, o "Sin casta". Esos eran los que peor la pasaban obviamente, ya que si hay algo peor que estar en la parte más baja del sistema, es estar afuera del sistema. Hay MUCHISIMAS sub-divisiones en esto, y es un tema super profundo, y en Persia va a haber su propia versión, y en otros lugares van a tomar modelos similares, y etc., pero con eso es suficiente para entender el concepto: Eran sociedades SUMAMENTE estratificadas, y con muchos intereses invertidos para que no haya movilidad social.
Ahora, en China nos encontramos con dos tipos de situaciones: O hay un Emperador y un reino unificado fuerte y gigante, o hay bardo, guerras, desgobierno y un par de facciones enfrentadas hasta que aparece un nuevo unificador. En India (y cuando digo India recuerden que también es la zona de Pakistan, y partes de Nepal, etc), la situación no es tan... homogenea. Si bien hubo algunas dinastías que conquistaron casi todo (como la Maurya, que voy a decir un poco más de ella, los Guptas, Kushan y una lista graaaaaande de diversos imperios y reinos de diversos tamaños), la regla acá es más bien divisiones en distintos reinos que iban creciendo, comiendose mutuamente, aliandose, dandose masa, etc. La unidad política acá no va a ser tan centralizada como en China, pero eso no quita que hubiera gran desarrollo político y estatal, artístico, filosófico, tecnológico, etc. Por ejemplo, el concepto matemático del Cero, viene de acá. Tremendos matemáticos los indios, al punto que los números que usamos hoy en día (este sistema de 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 0) los inventaron ellos (y los árabes los hicieron más lindos). Lo mismo con tratados de gobierno, literatura, escultura, arquitectura, música... Bueno, los tipos la tenían tremendamente clara.
Ahora, hay dos puntos interesantes que les puede interesar buscar:
Primero es la dinastía Maurya, que unificaron casi todo el subcontinente. El que tuvo la papa ahí fue el Emperador Ashoka, que una vez que termina de hacer recontra poronga a todos sus enemigos, no es ningún boludo y dice "Mejor los convenzo de que la No-Violencia es el camino, si no son violentos, no me van a dar vuelta la tortilla", y fue el primero en poner al Budismo como religión de Estado, financió al budismo, los ayudó a crecer, mandó misioneros al rededor del mundo, etc. Ashoka fue tan groso que hoy el símbolo de India, un pilar con 4 leones mirando a cada punto cardinal, era su simbolo. Lo mismo con la rueda del karma, que si bien es un concepto pre-budista, de la tradición védica (la religión predominante de India, hoy la conocemos como Hinduísmo), Ashoka la usa a lo pavote y hoy está en su bandera. Este tipo fue MUY groso, una especie de Dictador-Benevolente-Sabio-Filosofo-Militar-Santo-Lo Que De. Si les interesa la historia de grandes conquistadores y emperadores, Ashoka no puede faltar a la lista.
Otro, que hizo un touch and go fue Alejandro Magno, que llegó hasta la zona del noroeste de India, donde murió. Probablemente murió por alguna enfermedad relacionada al agua, que es muy comun allá (cualquiera que haya ido, o conozca a alguien que fue, hay 90% de probabilidades de que les haya agarrado cagadera por algo agua-related). Alejandro estuvo un toque a decir verdad, pero ayudó a generar un efecto en cadena en todo india, ya que desestabilizó el status quo entre los reinos locales.
Ahora, como vimos hasta ahora, son todos reinos e imperios que fueron y vinieron, dandose masa entre ellos. PEEEEEERO, allá por el 600 y pico nace un ñato en arabia, crea el Islam, y PIMBA, al toque los musulmanes se ponen como loco y se expanden a lo pavote por el mundo. Onda... Mucho y muy rápido. Y a estos locos se les pone muy dura la pija cuando piensan en matar infieles, es decir, cualquiera que no crea en al menos el concepto central del Islam, el Tawhid: la Unicidad de Dios. "No hay más Dios que Allah (Dios), y Muhammad es su profeta". Por eso en el Qran a los Judíos y los Cristianos hay que dejarlos en paz (supuestamente, son "La gente del libro"), ya que son monoteistas (aunque los judíos no consideren a Muhammad como su profeta, y los cristianos además son como un "monoteismo light" con todo eso de la Trinidad... Jesús es considerado un profeta importante del islam, aunque no el último, y es solo un hombre, al igual que Muhammad). Cuestión es que si se les pone dura matando infieles, imaginense como se les puso cuando llegaron a la zona... En India siempre hubo MUCHISIMO desarrollo filosofico y religioso. MUCHAS creencias, grandes y chicas, tradiciones asceticas, de todo. Los musulmanes entraron a cortar cabezas a lo pavote, el que no creía en 10 dioses, era ateo, y el que creía en un solo Dios, lo mataban tambien porque QUE SE YO VIEJO, ESTABAN COMO LOCOS. Y ahí es cuando entra el Islam a India, y aparece por ejemplo lo que van a ser los Mughales, el Sultanato de Delhi y muchos más. Siempre van a ser una minoría (mientras más al Este y al Sur, más todavía), por lo que si bien gobernaron muchas zonas y todo, no es que DOMINARON todo india. Estos musulmanes van a ser los que hagan el Taj Mahal por ejemplo, o Qutb Minar.
En fin, sigue la movida de que estan todos divididos entre si, cada tanto se matan, y siguen con su sociedad estratificada, con grandes riquezas, desarrollo, economías que comerciaban con el mundo entero y Oh! Aparecen las potencias europeas. Hola Portugal, Holanda y sobre todo, Inglaterra.
Los ingleses hicieron PORONGA india. Que nadie les haga creer lo contrario. Los tipos llegaron, pusieron a unos contra otros, manipularon políticamente, comercialmente, militarmente y dominaron India como unos soretes. Fuera de joda, lo que hicieron ahí fue TREMENDO, y da para un tema aparte, pero básicamente: Aplicaron un sistema colonial indirecto, usando las élites locales para dominar la población y extraer sus recursos naturales, mano de obra barata y posicionamiento geopolítico para enriquecerse. Y MIERDA como se enriquecieron. No solo eso, pudieron usar India como centro de cosecha de opio, el cual después usaron para introducirse en China y cagarse en ellos tambien (Aunque China nunca fue colonizada, sino que usaron la estrategia de "Tratados comerciales desiguales". Esto principamente se debe a que China SI tenía un estado centralizado, aunque debilitado).
Arrancan las guerras mundiales, Inglaterra los usa de carne de cañon, y en la 2da los indios se van a dividir en dos facciones: Apoyemos los ingleses que de buena onda después nos van a dar independencia gracias a nuestra ayuda en la guerra, o apoyemos a los japoneses y alemanes, que si aprovechamos que los ingleses la comen en casa, nos podemos liberar.
Gana la facción pro-inglesa, aunque se van a formar algunos regimientos indios que van a luchar junto a los japoneses cuando intentan invadir desde el noreste. Ya sabemos como termina la guerra, y que los ingleses no les querían dar una poronga la independencia a los indios, porque son unos piratas ingratos (Funny Fact: Millones de personas murieron en india DE HAMBRE, gracias a las políticas de Churchill, y no hizo absolutamente nada para evitarlo ni nada... Con tal de llevar comida, guita y armamento a las islas, muerieron millones en India, además de que estaban peleando una guerra impuesta y los mandaban como carne de cañon).
Y ahí tenemos la famosa independencia gracias a Ghandi, y la posterior partición entre India y Pakistan (que va a ser "Pakistan del Oeste y del Este haciendole sandwitchito a India... Pakistan del Este después se va a separar de Pakistan del Oeste y va a nacer Bangladesh).
Esta partición fue vergonzosa, como todo lo que hicieron los ingleses en la zona. Miles de refugiados y muertos, quilombo, poblaciones enteras de hindúes quedaron del lado musulman, y viceversa. Sangre, hambre, horror, una mierda, y encima ni siquiera hicieron bien las fronteras: A pesar de haber tenido un par de guerras entre India y Pakistan, sigue habiendo conflicto por la zona de Kashmir (Cachemira).
Y HOOOOY, India es la democracia más grande del mundo, tienen bombas nucleares, estan creciendo a pasos gigantes económicamente, siguen teniendo tremenda cantidad de pobres y zonas del ojete, pero bueno, de a poco poco van saliendo de ese pozo donde los dejaron los ingleses y los conflictos internos.
En fin, esto fue India, y espero que les haya gustado. La proxima hablo del Sudeste Asiatico, que es como un mix entre China e India.
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2017.08.22 22:08 alsamuel “ISIS es un síntoma de la tierra quemada de Assad”

http://ctxt.es/es/20160817/Politica/7855/entrevista-Robin-Yassin-Kassab-Leila-Al-Shami-Siria-ISIS-Assad.htm
Antes del horror provocado por Daesh, antes de los bombardeos, antes del drama de los refugiados (y de la vergüenza de quienes les niegan asilo) hubo una revolución siria. Es difícil recordarlo. La lucha— en gran medida secular, no sectaria y en favor de una democracia política y económica –se ha desvanecido de las discusiones públicas y de los focos mediáticos. Todo se centra ahora en la migración y el yihadismo. Y esto, argumentan Robin Yassin-Kassab y Leila Al-Shami, es precisamente lo que quieren las fuerzas contrarrevolucionarias: el Estado Islámico y el régimen de Assad. Ella usa seudónimo y prefiere no ser fotografiada por miedo a represalias para su familia en Siria.
En su libro Burning Country: Syrians in Revolution and War, Yassin-Kassab y Al-Shami ofrecen un exhaustivo relato de la revolución, desde su origen en 2011 hasta el presente, compuesto por una serie de historias orales que cubren casi todo el espectro de la incipiente sociedad civil siria. Hartos de análisis equidistantes que sitúan los crímenes del régimen sirio como un mal necesario para atajar la amenaza del ISIS, y exasperados ante la falta de rigor de gran parte de la cobertura periodística sobre Siria, Al-Shami y Yassin-Kassab se propusieron hablar directamente con los protagonistas para Burning Country. El resultado es, a partes iguales, una oda al pueblo sirio, que sueña con la libertad, y un grito descarnado de socorro del mismo pueblo, que se desangra entre ataques químicos de su propio gobierno y decapitaciones de Daesh. En conversación con CTXT en un café del sur de Manhattan, Yassin-Kassab y Al-Shami repasan las causas últimas del levantamiento de 2011, la feroz represión que le sucedió, la entrada de yihadistas y potencias extranjeras en el conflicto y qué se pudo haber hecho (y todavía se puede hacer) desde Occidente para apoyar a lo que queda de la lucha revolucionaria.
Se cuenta en Burning Country que hasta 2011, un ‘muro del miedo’ atenazaba a los sirios. Dicho muro, explica Leila Al-Shami, se cimentó en 1963, cuando el partido Baaz alcanzó el poder por medio de un golpe de Estado militar. Lo continuó erigiendo tras su llegada al poder en 1970 Hafez al-Assad, padre del actual presidente, que desarrolló un Estado policial totalitario inmisericorde con todo asomo de disidencia política. A Assad padre sólo se le resistieron los Hermanos Musulmanes, que organizaron un levantamiento armado en Hama en el año 82. El ejército sitió primero y arrasó después el centro histórico de esta ciudad, llevándose por delante entre 10.000 y 40.000 vidas. “Aquello generó un trauma”, apunta Al-Shami. “Los sirios dejaron de oponerse al régimen de forma organizada. No existía una sociedad civil independiente ni activa”.
Pan y libertad
Todo eso cambió en 2011. “Hacía falta una nueva generación que no tuviera recuerdo directo de los horrores de los setenta y ochenta”, explica Robin Yassin-Kassab, novelista, ensayista experto en la geopolítica del mundo árabe y coeditor de la revista Pulse. Yassin-Kassab señala otro factor importante: la Primavera Árabe. “De repente, cuando los sirios vieron a gente que hablaba la misma lengua y tenía más o menos el mismo aspecto que ellos, en Túnez, Egipto, Libia, Yemen y Bahrein, saliendo a la calle y protestando, pensaron ‘Bueno, ¿y por qué no lo hacemos nosotros también?’”
Las primeras manifestaciones en 2011, cuenta Al-Shami, fueron algo difusas y decididamente reformistas. Quienes salieron a las calles reclamaban libertad, pero también justicia social y económica, algo a lo que, lamenta, la prensa internacional apenas hizo caso. “Fue una reivindicación clave desde el principio; una respuesta a las políticas económicas neoliberales del régimen cuando pasó, bajo Hafez al-Assad, de ser un régimen supuestamente socialista a poner en práctica políticas económicas neoliberales, que se aceleraron con Bashar”. Bajo el mandato de este último, explica, se desarrolló una forma de capitalismo colonial especialmente corrupto, que acumuló la riqueza en las manos de la familia Assad y los leales al régimen, mientras el tejido social que protegía al pueblo de la exclusión se desmadejaba. “Se eliminaron subsidios de los que la gente dependía, como el de los alimentos y el de la gasolina”, ahonda. “La gente ya no podía llevar comida a la mesa. Mucha gente tenía dos o tres trabajos sólo para sobrevivir”. La llegada de una formidable sequía, mal gestionada a causa de la corrupción, terminó por precipitar la insurrección. “Cuando la revolución estalla, lo hace en las zonas desfavorecidas y en los barrios de clase trabajadora”, culmina Al-Shami.
De la represión sistemática a la Revolución
El régimen respondió con una fuerza implacable. No tardó en situar a francotiradores en los tejados de la plazas principales, para evitar a balazos que Siria tuviera su ‘momento plaza Tahrir’. “Desde las primeras protestas en Daraa, las fuerzas de seguridad disparaban a la gente en la calle”, cuenta Al-Shami. “En los vídeos y fotos del momento, se puede ver cómo había manifestaciones donde la gente portaba flores para demostrar que eran pacíficos. Aun así, fueron tiroteados en las calles”.
Poco a poco, alimentadas por el rechazo a la fuerte represión gubernamental, las protestas localizadas se fueron extendiendo por el país, al tiempo que sus demandas se tornaban más ambiciosas. Lo que había comenzado como una serie de marchas reclamando la liberación de presos políticos o mayor participación institucional, se tornó, en poco tiempo, en una insurrección popular en todo el país reclamando la caída del régimen. Assad no se echó atrás. “En dos o tres meses, estaba utilizando artillería militar y misiles scud , diseñados para la guerra intercontinental, contra barrios de civiles”, señala Al-Shami.
¿Fue un error de cálculo por parte del régimen elevar el tono de la represión, y con él el descontento de su pueblo? En absoluto, opina Yassin-Kassab. “El régimen quería una guerra”, dice de forma algo efectista. Cuestionado sobre qué llevaría a un gobierno con todo que perder a provocar una guerra en su propio territorio, añade: “Sabían que no podrían sobrevivir a un movimiento reformista, y pensaron que sí que podían sobrevivir a una guerra. Si la protesta pacífica hubiera dado lugar a un verdadero proceso de reforma, una cosa habría llevado a la otra, y en el mejor escenario para el régimen, habrían acabado en prisión, despojados de su riqueza robada”.
Además, señala, Bashar al-Assad no hacía sino seguir la tradición familiar, leyendo del manual de instrucciones escrito con la sangre de los rebeldes del 82 que le dejó en herencia su padre. Las instrucciones de padre a hijo fueron, apunta Yassin-Kassab, sencillas: “Radicalizas el movimiento de protesta reprimiéndolo con extrema violencia y terror hasta que consigas que unos islamistas tomen las armas. Esto asustará a las minorías religiosas para que obedezcan. Asustará a la comunidad internacional para que tolere cualquier violencia que utilices. Luego puedes atacar y dar ejemplo en un sitio como Hama. Puedes matar a cientos de personas. Asustarás a la gente para que permanezca en silencio durante mucho tiempo”.
Divide y vencerás
La represión de las protestas tuvo cierta lógica operativa, tan vieja como Felipe de Macedonia: “En las zonas burguesas y aquellas con una proporción alta de minorías religiosas tendieron a usar puños, porras y gas lacrimógeno”, cuenta Yassin-Kassab. “En las zonas de clase trabajadora y suníes tendieron a abrir fuego desde el primer momento, con munición real. Había, de hecho, en el tratamiento de los manifestantes en diferentes áreas, una especie de táctica de ‘divide y vencerás’”, sentencia. Así, explica, Assad logró dividir a la oposición en torno a fallas sectarias, étnicas y de clase. “Probablemente la división por sectas fue la más exitosa”, añade, al tiempo que recuerda la importancia para el régimen de la lealtad de la minoría alauí, que apenas supera el 10% de la población y cuenta, sin embargo, con entre el 80 y el 90% de oficiales en el ejército.
En 2011, continúa Yassin-Kassab, mientras el régimen arrestaba a manifestantes pacíficos, liberó a 1.500 yihadistas de la cárcel. Se trataba de combatientes salafistas que habían luchado en Iraq después de la invasión de 2003. “Fue un acto deliberado, pensado para crear una oposición islamista violenta y lograr así amedrentar a potencias extranjeras y, sobre todo, a los alauíes”, señala. Pocos meses después, en el verano de 2012, se produjo una serie de masacres sectarias en la zona situada entre Homs y Hama, donde los pueblos suníes y alauíes se hallan muy próximos entre sí. La violencia sectaria fue descarnada y repentina, cuenta Yassin-Kassab. “Después paró. ¿Por qué paró? Porque habían conseguido lo que querían. No fue violencia espontánea entre las comunidades. Fue organizada. Las víctimas fueron los civiles suníes, mujeres y niños a los que se les cortó el cuello”. Pero el objetivo, señala, era una vez más la comunidad alauí. “Cuando vieron a un suní enrabietado en YouTube diciendo: ‘Venís y matáis a nuestros niños. Nosotros iremos y mataremos a vuestros putos niños’, entonces para los alauíes se vuelve algo tribal, una cuestión de supervivencia: ‘No tenemos otra opción que apoyar al régimen’”, concluye.
La soledad del pueblo sirio
Yassin-Kassab pierde la paciencia cuando se menciona la cobertura mediática del conflicto sirio. Los analistas de la prensa internacional, arguye, pecan de haberse acercado a la revolución siria “con sus grandes ideas preconcebidas. Piensan que es una cuestión de suníes y chiíes cuando no es así. Asumen, en contra de toda evidencia, que hay un plan secreto americano o israelí para conseguir un cambio de régimen”. Yassin-Kassab es aún más inmisericorde con “la izquierda y sus teorías de la conspiración”. Y es que, añade, “después de cinco años, resulta muy obvio que ni Estados Unidos ni Israel quieren que el régimen sirio desaparezca”. Estados Unidos, insiste, no ha prestado ningún apoyo más allá del retórico a los rebeldes sirios, llegando incluso a vetar a otros países que querían enviarles armas. “Durante años, lo único que recibía el Ejército Libre de Siria (ELS) de los Estados Unidos eran comidas precocinadas y gafas de visión nocturna. El ELS no quería comidas precocinadas. Quería armamento antiaéreo pesado para proteger a sus comunidades de los bombardeos”.
Al negar el acceso a armas de los rebeldes asediados por su propio gobierno, Occidente abrió el paso a los yihadistas internacionales. Y al dejar hacer al régimen, permitió la entrada en el conflicto de otras potencias extranjeras, que acudieron al rescate de Assad y a defender sus propios intereses. “Después del ataque con gas sarín en agosto de 2013, la cuestión era: ‘¿intervendrá América?’ Pues bien, no intervino. En ese momento, dejó Siria en manos de otros imperialismos salvajes, sobre todo Rusia e Irán”.
Yassin-Kassab se muestra ambivalente respecto de los recientes bombardeos localizados contra Daesh. “Por un lado, están ayudando a reducir el territorio controlado por ISIS,” apunta. “Pero también alimentan el relato de ISIS y la política identitaria suní, porque muchos sirios a los que no les gusta ISIS se preguntan, ‘¿Por qué ha venido esta gente a bombardear el síntoma y no la causa?’ ISIS es un síntoma de la política de tierra quemada de Assad”.
Una ‘alternativa genuina’
Con tanto en contra, resulta extraordinario que los rebeldes hayan logrado articular sociedades funcionales y en cierta medida ejemplares. En Burning Country las páginas de la esperanza son las dedicadas a los más de 400 consejos locales y provinciales, elegidos de manera democrática para gobernar los territorios ‘liberados’ del control del régimen y los yihadistas. “Se está construyendo una alternativa genuina”, señala Al-Shami. “Si no fuera por estas comunidades democráticas autogestionadas, no habría vida alguna en esas zonas destrozadas por la guerra. Todos habrían tenido que huir o morir. Si hay reparto de comida, servicios médicos, educación, medios de comunicación independientes, recogida de basuras, es gracias a estos consejos democráticamente elegidos”. Esto, apostilla Yassin-Kassab, “es importantísimo porque sucede en una parte del mundo donde la democracia ha estado prohibida durante medio siglo”. Aun así, lamenta, es algo que la mayor parte del mundo ignora. “Muchos periodistas que han escrito cientos de piezas sobre Siria no han mencionado nunca a esta gente, que es mucho más representativa de la población siria que ISIS, por ejemplo. Es una auténtica tragedia”.
En busca de aliados
¿Cuál era, pues, la alternativa para Occidente? Resulta difícil defender la intervención militar tras fiascos como el de Iraq. Al-Shami no se hace ilusiones: “No espero que el apoyo a las luchas revolucionarias populares venga de los Estados,” apunta, añadiendo que incluso aquellos gobiernos que “afirman apoyar a la oposición” lo hacen por sus propios intereses. “Lo que ha sido muy triste es ver cómo la revolución siria está siendo abandonada por la gente, especialmente por la izquierda, de la cual esperábamos apoyo. La izquierda está mucho más interesada en el ajedrez geopolítico entre Estados y centra su análisis en ellos, en vez de enfocarlo a la lucha de clases interna o a los movimientos populares sobre el terreno que están luchando por la libertad, la democracia y la justicia social”, concluye.
Yassin-Kassab difiere, y reclama la intervención de Estados extranjeros, que señala debían haber armado a los rebeldes en 2012. ¿Qué hacer ahora, tras cinco años de guerra abierta, con intervención de Rusia e Irán y un Estado Islámico afianzado? “Habría que abastecer a los rebeldes de armamento antiaéreo de calidad con el que disparar a los aviones que les bombardeen, sean rusos o del régimen,” señala. “Si no quieren hacer eso, los propios Estados extranjeros deberían establecer una zona de exclusión aérea”.
Robin Yassin-Kassab y Leila Al-Shami / Autores de ‘Burning Country: Syrians in Revolution and War’
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2014.10.23 06:07 FrancoisRichard El Jacobino N°4 - LA PAZ SÓLO PODRÁ DARSE EN LA LAICIDAD. Revista “Iniciativa Laicista”- Septiembre 2014 (Ciudadano Sebastián Jans)

:: Se han denunciado crímenes de guerra en el desarrollo de la última crisis en la Franja de Gaza. Un alto al fuego se ha logrado, una vez más, con la remota esperanza de que los odios atizados por el extremismo religioso serán superados y reine la cordura y una voluntad de convivencia entre judíos y palestinos.
Visto en perspectiva, podría afirmarse que el conflicto palestino-israelí en sus orígenes, no tuvo un carácter religioso. Desde la aparición de los movimientos de liberación palestina, a mediados del siglo XX, la agenda del conflicto tuvo más bien un marcado sesgo político-militar-nacional, a pesar de las condiciones religiosas que impulsaron el éxodo judío hacia la reivindicada “Tierra Prometida”.
Pasadas las décadas, sin embargo, cada día las motivaciones para el conflicto armado han adquirido una peligrosa e inmanejable justificación religiosa.
Son los grupos religiosos los que han ido copando la escena y dan el calibre y alcance de los eventos de violencia, al punto que, en el tiempo, bien podría hablarse de una guerra de religiones, sobre todo en la medida que los Estados sigan siendo subordinados, de manera cada vez más creciente, al determinismo de los clérigos y de los grupos religiosos más radicales.
Lejos están los días en que la OLP y Arafat ejercían un liderazgo laico de la reivindicación palestina, como también aquellos días en que la mirada laica socialdemócrata era el eje de la política israelí. Sin embargo, bien sabemos, la impronta religiosa fue la médula de la fundamentación política reivindicativa del territorio para un Estado de Israel. La reivindicación de la tierra prometida, sin duda fue un elemento constituyente del relato que estimuló el asentamiento de comunidades judías en los territorios palestinos, a partir de las primeras décadas del siglo XX, hasta que lograron el reconocimiento de las Naciones Unidas en 1948 para existir como Estado, en un territorio que no estaba solo habitado por judíos.
El político socialdemócrata y laico David Ben Gurión, por aquellos días, no vaciló en buscar el apoyo de los partidos religiosos para formar su gobierno, debiendo aceptar la promulgación de leyes que impusieron la observancia religiosa y que dieron privilegios a la comunidad religiosa más ortodoxa. Así, se establecieron las fiestas nacionales sobre la base de las festividades religiosas, y se impuso el shabat como día de descanso. También se liberó a los estudiantes de las escuelas rabínicas de las inexcusables obligaciones militares de todo ciudadano israelí.
Aun así, las concepciones políticas del laborismo israelí, con una fuerte mirada aconfesional, impusieron la idea de la construcción de un Estado moderno, laico y con una afirmación en torno a una identidad nacional más diversa que aquel fundado en el relato abrahámico. Sin embargo, los sectores conservadores, desde Begin en adelante, impulsarán una política que privilegiará el protagonismo e influencia de las comunidades religiosas más comprometidas con la ortodoxia excluyente del judaísmo.
De tal manera que, en las últimas décadas, organizaciones y movimientos como Gush Emunim, Shas, Likud y el Partido Nacional Religioso han logrado poner su agenda en la política israelí de un modo omnipresente, y son el factor determinante que ha permitido el triunfo de los sectores conservadores en las elecciones, lo que termina frustrando todas las negociaciones de paz a que se ha visto conminado el Estado de Israel por la comunidad internacional.
Resulta impresionante constatar cómo en las últimas décadas, los grupos religiosos han adquirido una importancia tan avasallante sobre la sociedad israelí.
Hace poco más de un año, los fundamentalistas religiosos desataron una dura confrontación ante su demanda de que los buses de transporte urbano debían ser segregados, siendo la parte trasera para las mujeres y la parte delantera exclusivamente para los hombres. Es más, la demanda ultraortodoxa exigió que hubiese buses separados para hombres y mujeres.
En años recientes incluso han aparecido grupos de choque, para atacar a los comerciantes que venden ropa “inadecuada” a las mujeres (blusas y pantalones ceñidos, faldas cortas, etc.). En esa escalada muchas mujeres “vestidas en forma impropia”, han sido atacadas con pintura.
El presente año occidental, en tanto, se inició con un escándalo político-religioso. El hijo del Primer Ministro Netanyahu, elegido con el apoyo de los grupos políticos-religiosos fundamentalistas, fue objeto de reprobación producto de estar saliendo con una muchacha noruega. El partido Shas llevó el pandero poniendo en evidencia que la familia del gobernante debía ser fiel a las tradiciones y las obligaciones ortodoxas. Dirigentes del partido Likud se lamentaron con amargura ante lo sorpresivo de la constatación. La crisis política bordeó la estabilidad de Netanyahu, que salió a aclarar con rapidez, que lo de su hijo solo se trataba de una relación de amigos.
Como podemos ver, las reglas de los clérigos judíos y musulmanes se homologan más allá de las diferencias de los fundamentos sectarios de su doctrina.
Por el lado opuesto, también se ha constatado la creciente y desmedida influencia de la fundamentación religiosa y la subordinación política a la visión de los clérigos. La constatación de corrupción en la Organización de Liberación de Palestina, fue uno de los factores fundamentales que permitirá el protagonismo y la influencia de Hamas, en la lucha de liberación y la demanda por un territorio bajo un Estado Palestino.
Sus orígenes se encuentran en la tercera década del siglo XX, cuando nace la Hermandad Musulmana en Egipto. A partir de los años 1950, la Hermandad enfrentará la represión de los regímenes seculares árabes, especialmente en Egipto y Jordania, que reaccionaron frente a los riesgos que llevaban a la exacerbación de los conflictos internos por parte de posturas integristas. En ese contexto, la figura de Gamal Abdel Nasser y su panarabismo secular será determinante para oponerse a la pretensión hegemónica de la visión islamista, tanto para enfrentar los resabios del colonialismo de las potencias occidentales como la situación producida por el establecimiento del Estado de Israel.
La proximidad de Yasser Arafat a las ideas panarabistas, lo llevaron a acentuar su secularismo, a pesar de sus orígenes entre los Hermanos Musulmanes. De este modo, Al Fatah representará una posición firme dentro de la OLP para oponerse al fundamentalismo religioso y para evitar convertir el conflicto con Israel en una simple confrontación entre judíos y musulmanes. Contra ese planteamiento surgió la Yihad Islámica, grupo que dentro de la OLP mantendrá las posiciones devenidas de una mirada esencialmente religiosa del conflicto con Israel.
La emergencia de Hamas, en los años 1980, establecerá la política de que solo de la mano de la religión sería posible la liberación de Palestina y la destrucción de Israel. Una política de cercanía con los sectores palestinos más afectados por los excesos de Israel en Gaza y Cisjordania, satisfaciendo necesidades elementales de los más pobres y exacerbando los odios más profundos de las comunidades de refugiados, permitirá que Hamas se consolide con un liderazgo muy fuerte dentro de los palestinos más desesperados, en medio de los errores y la corrupción de aquellos que heredaron el liderazgo de la Autoridad Nacional Palestina, luego de la muerte de Arafat.
La presión que ejercen los grupos religiosos y los movimientos políticos de fundamentación religiosa sobre palestinos e israelíes, que se validan a partir de la exclusión y de la aspiración de aniquilamiento del contrario, fundados en la supuesta pureza del mensaje religioso en la interpretación de los textos de la Torá y del Corán, alimentan el odio y el fracaso político, induciendo a la masacre y la justificación de la violencia.
Para unos meter tanques y para otros lanzar cohetes indiscriminadamente es la fórmula que sostiene una buena estrategia y una mejor táctica. Los niños muertos o los niños criados en la violencia, son un precio que hay que pagar.
Sin embargo, lo que los movimientos religiosos fundamentalistas exacerban en ambos lados de manera antagónica, es lo que permite que impere su concepción de sociedad y su interpretación de la vida comunitaria, su corrupción de la política, su comprensión de la tradición religiosa y la opción violenta para la solución de los conflictos. Mientras estos grupos predominen en Israel y Palestina seguirán estimulando el conflicto y la exclusión.
La reciente escalada en Gaza da cuenta de esa lógica brutal. Da señales de que todo lo que implique posibilidades de paz, les produce una activa repulsión.
Es evidente que las declaraciones de Mahmud Abbas, jefe de la Autoridad Nacional Palestina, en abril pasado, cuando condenó solemnemente el holocausto judío perpetrado por los nazis, y solidarizó con las familias de las víctimas de la Shoah, crearon una condición política concreta para eliminar todo concepto de exterminio judío en la demanda palestina. Junto con ello, Hamas reconocía por esos días la validez de la Autoridad Nacional Palestina, como el gobierno nacional capaz de conducir el proceso hacia un Estado Palestino, como resultado de una negociación y no de una victoria militar.
Como ha ocurrido con anterioridad, tales perspectivas debían fracasar a través de una nueva escalada, que se tradujo en una retórica alimentada por Hamas y los partidos religiosos israelíes. Ello porque, avanzar hacia una solución pacífica de la demanda palestina, despotencia la justificación histórica de los grupos de poder confesionalistas y de los clérigos que proclaman la ortodoxia como forma de vida.
No cabe duda que la paz solo será posible en la medida de que los protagonistas religiosos pierdan su influencia y se opte por la laicidad.
Solo de esa manera desaparecerán las políticas insanas que promueven las violaciones a los derechos humanos y que cobijan los crímenes de guerra, aquellas que estimulan la discriminación y los deseos de aniquilamiento y que justifican las brutalidades en el supuesto deseo de Dios.
INTELECTUALES CONTRA EL ESTADO ISLÁMICO
Un significativo grupo de intelectuales sirios, iraquíes y libaneses firmaron una declaración contra la tiranía religiosa y la dictadura, en julio pasado, contra el Estadio Islámico, que la comunidad internacional ha rechazado, debido a sus prácticas brutales, y los crímenes cometidos contra comunidades de los territorios que han conquistado.
Escritores, cineastas, actores, académicos, etc. se unieron para denunciar las acciones y objetivos de los yihadistas, poder religioso al que califican de “trituradora de los seres humanos”, que “establece las bases de una autoridad racista elitista, fascista hacia las poblaciones, que intenta concentrar los poderes y las riquezas en manos de un puñado de dirigentes protegidos por lo sagrado”.
“El peligroso juego con la religión utilizada para establecer un poder esclavista sin otro horizonte que el nihilismo y el oscurantismo, excluyendo la economía, la educación, la cultura, el arte, la reunión, la alegría de vivir, la dignidad humana y el respeto entre las personas, sin hablar de las libertades públicas e individuales, constituye una amenaza para todo lo que los árabes ilustrados han intentado promover en el curso de los últimos 150 años para alcanzar la liberación y participar en la construcción del mundo de hoy”.
“Quienes abajo firmamos, escritores, periodistas, universitarios, artistas e intelectuales, defensores de todos los valores humanos modernos, ponemos en guardia contra el precipicio al que el movimiento político y religioso reaccionario quiere arrastrar a nuestras sociedades y nuestros pueblos. Llamamos a nuestros ciudadanos que creen en la libertad humana y en la igualdad de los hombres en cualquier lugar, a participar en nuestro combate contra los antiguos y los nuevos asesinos y trabajar por la libertad, la justicia y la igualdad en nuestros países, en nuestra región y en el mundo”.
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